
Yoga Domi: una práctica para volver al centro, desde el suelo o en el aire
Dominique Fragnaud llegó a su primera clase convencida de que el yoga no era para ella. Once años después, aquella experiencia se transformó en una forma de vida y en Yoga Domi, un espacio de Jara, Asunción, donde el movimiento, la respiración y la formación conviven en una propuesta cálida, cercana y abierta a distintos niveles.
Una amiga la llevó casi a la fuerza. Dominique Fragnaud entró a aquella primera práctica de yoga pensando: “Esto no es para mí”. Sin embargo, algo cambió durante la clase.
Salió fascinada.
“Desde ahí ya no paré más. Literalmente, me cambió la vida”, recuerda.
Ese encuentro inesperado fue el inicio de un camino personal que, con el tiempo, también se convirtió en una comunidad y en Yoga Domi: un estudio de yoga en Asunción que reúne Hatha, Vinyasa, Hot Yoga, Aeroyoga, Yoga HIIT, respiración consciente, mindfulness y formación de profesores.
“Salí tan fascinada de aquella clase que desde ahí ya no paré más. Literalmente, el yoga me cambió la vida”.
Un espacio que aprendió a transformarse
La historia de Yoga Domi no comenzó en un gran estudio diseñado desde cero. Empezó en un local alquilado cerca de la Universidad Americana, con el apoyo del marido de Dominique, a quien reconoce como una figura fundamental en todo el recorrido.
El primer espacio tenía una dificultad práctica: no contaba con estacionamiento y llegar hasta las clases podía resultar complicado para los alumnos.
Más adelante, Yoga Domi se trasladó a una pequeña casa pegada al hogar familiar. La pandemia volvió insostenible ese formato, pero también impulsó una decisión importante: construir un estudio propio dentro del mismo predio de su casa.
Así nació un espacio que fue creciendo junto con su comunidad.
El camino también le enseñó a Dominique que un estudio de yoga tiene sus propios ciclos. Hay momentos de mucha actividad y otros más lentos; personas que permanecen durante años y otras que llegan para atravesar una etapa puntual de sus vidas.
Más que buscar una estabilidad rígida, aprendió a sostener un lugar vivo, capaz de adaptarse sin perder su esencia.
Enseñar, además, la transformó profundamente.
“Cambió mi personalidad. Soy más empática, más sensible y maternal. Me encanta cuidar de la gente, de mis alumnos”, cuenta.
Esa manera de acompañar atraviesa toda la propuesta de Yoga Domi: una práctica exigente cuando necesita serlo, pero también humana, accesible y atenta a los procesos individuales.

Una misma esencia, diferentes puertas de entrada
No todas las personas buscan lo mismo cuando llegan al yoga. Algunas quieren moverse, otras necesitan bajar el ritmo y muchas simplemente sienten curiosidad.
Por eso, Yoga Domi ofrece modalidades con energías y objetivos diferentes.
Hatha Yoga es la base: una práctica más pausada para aprender las posturas, respirar y comenzar a desarrollar conciencia corporal.
Vinyasa Yoga propone movimiento en fluidez. La respiración acompaña la transición de una postura a otra y crea una secuencia dinámica que requiere atención y presencia.
Hot Yoga lleva la práctica a una sala calefaccionada, sumando intensidad y un desafío diferente para el cuerpo y la concentración.
Aeroyoga incorpora una hamaca como elemento de apoyo y permite experimentar el movimiento desde el aire.
Yoga HIIT combina la conciencia del yoga con la energía y la intensidad del entrenamiento funcional.
La propuesta también incluye experiencias especiales como Yoga Glow, una clase de Vinyasa que se realiza con luz negra y pintura corporal. No forma parte de la grilla permanente: aparece como una invitación a salir de la rutina y vivir una práctica más sensorial, lúdica y compartida.
Aeroyoga: sostenerse, confiar y cambiar de perspectiva
El Aeroyoga es una de las modalidades más distintivas de Yoga Domi.
La hamaca puede funcionar como soporte para facilitar determinados movimientos, pero la suspensión también suma nuevos desafíos. Cuando el cuerpo deja de apoyarse completamente sobre el suelo, entran en juego el equilibrio, la confianza y una forma diferente de atención.
Para algunas personas, el elemento aéreo vuelve ciertas posturas más accesibles. Para otras, estar suspendidas exige un mayor nivel de control y conciencia corporal.
La experiencia no se reduce a realizar figuras llamativas. La hamaca permite explorar el movimiento desde otro lugar, sentir el cuerpo con una perspectiva nueva y experimentar algo poco habitual: relajarse mientras se está sostenido en el aire.
Es una práctica que puede ser amable y desafiante al mismo tiempo.
Respirar también es parte de la práctica
Muchas personas se acercan al yoga por una motivación física. Quieren ganar movilidad, mejorar su flexibilidad o incorporar una actividad diferente. Con el tiempo, descubren que la práctica también sucede en un plano menos visible.
En Yoga Domi, el pranayama —el trabajo consciente con la respiración— y el mindfulness ocupan un lugar importante.
Respirar es automático, pero la manera en que respiramos puede cambiar de acuerdo con el estrés, el miedo, el cansancio o la velocidad con la que atravesamos el día.
Para Dominique, aprender a observar y regular la respiración puede ayudar a bajar la sensación de alerta, recuperar el enfoque y liberar tensiones.
“Respirar bien no solo aporta oxígeno: le enseña al cuerpo a encontrar calma”.
No se trata de una promesa mágica ni de negar las dificultades. Se trata de incorporar una herramienta sencilla que siempre está disponible: detenerse, prestar atención y volver a respirar con intención.
“No soy flexible”: la frase que Dominique escucha una y otra vez
Una de las barreras más frecuentes para comenzar yoga es creer que primero hay que ser flexible.
Dominique lo escucha constantemente.
Su respuesta es simple: la flexibilidad no es un requisito para empezar. Es apenas una de las capacidades que pueden trabajarse durante la práctica.
Muchas personas llegan buscando estirarse mejor y terminan encontrando algo diferente: una forma de escuchar el cuerpo, reconocer sus límites y observar la mente sin exigirse resultados inmediatos.
“El yoga no se trata de ser o no flexible. Muchas personas llegan buscando flexibilidad y terminan descubriendo un mundo completamente diferente”.
Empezar no significa hacer todas las posturas ni compararse con quienes llevan años practicando. Significa acercarse con curiosidad y permitir que el proceso se construya de manera gradual.
En Yoga Domi, la práctica no busca imponer un cuerpo ideal. Busca acompañar el cuerpo real de cada persona, en el momento en el que se encuentra.

De alumna fascinada a formadora de profesores
El crecimiento de Dominique también convirtió a Yoga Domi en un espacio de formación.
En 2017 tuvo su primera oportunidad de formar profesores en la modalidad de Aeroyoga. Años después, en 2023, alcanzó uno de sus mayores objetivos profesionales: completar el proceso para que Yoga Domi se convirtiera en una escuela registrada ante Yoga Alliance.
Dominique cuenta con la credencial E-RYT 200, sigla de Experienced Registered Yoga Teacher. Esta denominación reconoce a docentes que, además de completar una formación registrada de 200 horas, acreditan experiencia adicional de enseñanza.
Para ella, poder ofrecer en Paraguay una formación bajo estándares internacionales representa mucho más que un reconocimiento profesional.
“Poder formar profesores en Paraguay es un sueño”, afirma.
La propuesta no busca que los estudiantes memoricen posturas o repitan secuencias de manera automática. El objetivo es que comprendan la práctica, desarrollen criterio y adquieran herramientas para acompañar a otras personas con responsabilidad.
Una formación de profesores también exige aprender a observar, escuchar y comunicar.
“Las posturas se enseñan. La presencia, la empatía y la escucha son las cualidades que hacen la diferencia”.
Para Dominique, un buen profesor necesita compromiso con su propia práctica, vocación de servicio y curiosidad para continuar aprendiendo. También debe ser capaz de acompañar sin juzgar y comprender que cada alumno llega con una historia diferente.
El bienestar no es una imagen perfecta
Cuando le preguntan qué significa el bienestar, Dominique responde primero, entre risas: “Yoga”.
Después, su respuesta se vuelve más profunda.
Para ella, estar bien no significa vivir sin dificultades ni conservar siempre la calma. Significa contar con herramientas para atravesar los momentos complejos sin perder completamente el centro.
El yoga le enseñó que el bienestar no depende únicamente de cómo se ve una persona, sino de cómo vive, respira, se relaciona consigo misma y responde ante lo que sucede cada día.
“El verdadero bienestar nace de cómo vivimos cada día, no de cómo nos vemos”.
Esa idea resume la esencia de Yoga Domi.
Algunas personas llegarán buscando flexibilidad. Otras querrán ganar fuerza, aprender a respirar, probar una hamaca o convertirse en profesoras. Cada motivación puede ser una puerta de entrada.
Lo importante es lo que sucede después: cuando la práctica deja de ser solamente una clase y empieza a convertirse en una manera más consciente de habitar el cuerpo y la vida.
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