
Miri de Yoga Miranda: de la gimnasia artística al yoga, del rendimiento a la escucha
Durante años, el cuerpo fue para ella una herramienta de rendimiento. Una lesión en la columna interrumpió su camino en la gimnasia artística y la llevó al yoga, primero como parte de la recuperación y después como una nueva manera de entender el movimiento. Hoy, Miranda Beltrán Pérez, “Miri”, creadora de Yoga Miranda, combina Vinyasa, Hatha, meditación y biomecánica con una premisa que atraviesa su forma de enseñar: la práctica debe adaptarse a la persona, no al revés.
Durante años, el cuerpo tuvo para Miri una tarea bastante concreta: rendir.
Hizo gimnasia artística desde que tiene memoria. Entrenaba unas cuatro horas al día. Flexibilidad, agilidad, precisión: siempre había algo que podía hacerse mejor. Los desgarros, los esguinces y otras lesiones terminaron incorporándose a la rutina con una normalidad que hoy mira de otra manera.
“Mi vínculo con el cuerpo en esa época era de exigencia constante. El cuerpo era una herramienta que tenía que rendir, no algo que tenía que escuchar”, recuerda.
El movimiento organizaba sus días y buena parte de su identidad. Había objetivos, repeticiones, correcciones, una búsqueda permanente de hacerlo mejor. Mucho menos espacio para detenerse y registrar cómo se sentía.
“No había mucho espacio para sentir. Solo para lograr.”
Una caída terminó por hacer visible el costo acumulado de años de exigencia. La lesión en la columna la obligó a dejar el deporte que había formado parte de su vida desde niña.
Y detenerse, esta vez, no fue una elección.
Cuando parar cambia la pregunta
La recuperación llegó acompañada de médicos, fisioterapia y una recomendación que Miri recibió inicialmente como una indicación más: empezar yoga.
En ese mismo período fue diagnosticada con celiaquía. Varias rutinas que hasta entonces parecían inamovibles tuvieron que cambiar al mismo tiempo.
El problema ya no era solamente qué podía o no podía hacer con el cuerpo. Aparecía una pregunta menos sencilla: quién era ella sin el deporte que había ordenado sus días durante tantos años.
“Fue como un restart total. Tuve que redescubrir quién era y qué me gustaba, más allá de ser gimnasta”, cuenta.
El yoga llegó como parte de la recuperación física. Pero para alguien que hasta entonces había entendido el movimiento en términos de rendimiento, sentarse en un mat a respirar sin tener nada que alcanzar resultaba casi extraño.
Con el tiempo dejó de ser “algo que me mandó el doctor”.
“Fue en ese proceso donde por primera vez sentí lo que era habitarme, sentarme a respirar, a escucharme, sin exigirme nada.”
El movimiento seguía ocupando un lugar central. Lo que había cambiado era la relación con él.

De practicar a enseñar
Con el tiempo, el yoga dejó de ser solamente parte de su recuperación. Miri empezó a imaginarlo también como oficio.
Quería dedicarse a algo que le permitiera acompañar a otras personas y encontró en la práctica una forma de reunir dimensiones que hasta entonces había vivido por separado: movimiento, respiración, atención y presencia.
Desde 2021 es instructora de yoga. Se formó durante 200 horas en Vinyasa Yoga con biomecánica aplicada al yoga y completó otras 200 horas en Hatha Yoga y meditación.
La biomecánica le dio un lenguaje técnico a algo que su propia historia ya le había enseñado: dos cuerpos no tienen por qué resolver una misma postura de idéntica manera.
Cambian las articulaciones, la movilidad, las proporciones, las lesiones y la experiencia previa. Cambia también la historia con la que cada persona llega a una clase.
Por eso Miri cuestiona la idea de una postura ideal que todos deberían reproducir.
“Adapto la postura a la persona, no la persona a la postura.”
Una postura no es un molde
Comprender el cuerpo desde la biomecánica modificó también su manera de enseñar.
Ya no le interesa que una postura simplemente “se vea bien”, sino entender qué está ocurriendo en ese cuerpo particular. Qué articulación está trabajando. Qué movimiento conviene ajustar. Hasta dónde tiene sentido llegar.
Y procura explicar el porqué.
Para Miri, una clase no debería consistir únicamente en reproducir instrucciones. Saber qué se está haciendo, qué cuidar y para qué sirve un movimiento también forma parte de conocer el propio cuerpo.
Esa mirada adquiere todavía más importancia cuando trabaja de forma personalizada con personas que tienen lesiones o determinadas limitaciones físicas.
Antes de empezar pregunta por antecedentes y restricciones, pero también por algo elemental: qué llevó a esa persona al yoga.
Alguien puede buscar mayor movilidad. Otra persona necesita bajar el ritmo. Otra quiere profundizar en la dimensión más introspectiva de la práctica. Y hay quienes llegan porque quieren volver a moverse después de una lesión.
Si existe una condición médica, Miri tiene claro el límite de su trabajo: el yoga no reemplaza la evaluación ni las indicaciones de los profesionales de salud.
A partir de ahí comienza otra tarea: adaptar.
Si una postura no es adecuada, busca otra manera de trabajar el mismo objetivo sin forzar el cuerpo. Puede cambiar la posición, el apoyo o incluso el camino para llegar.
“Ninguna de mis clases es igual a otra. El cuerpo va cambiando, las emociones van cambiando.”
Hay días en los que una persona necesita intensidad y otros en los que necesita exactamente lo contrario.
Una práctica, en ese sentido, tampoco tiene por qué ser una fórmula.

El yoga que no hay que saber hacer
Hay frases que Miri escucha con frecuencia.
Que para empezar yoga hay que ser flexible. Que no es un ejercicio realmente exigente. Que es una práctica para mujeres. O que supone adherirse a una religión.
A quien piensa que físicamente es demasiado fácil suele responderle con humor: que pruebe una clase.
Pero hay una idea que le interesa especialmente desmontar: no hace falta llegar al yoga sabiendo hacer yoga.
La flexibilidad se desarrolla. Las posturas tienen progresiones. Los cuerpos encuentran posibilidades distintas. Incluso ella, después de años de práctica y formación, sigue teniendo posiciones que representan un desafío.
El yoga tampoco tiene género, sostiene. Entre sus alumnos hay hombres, deportistas y personas con objetivos muy diferentes. Para alguien que ya practica otra disciplina, puede convertirse además en una oportunidad para entender mejor cómo se mueve y responde su cuerpo.
Tal vez su propia historia explique por qué Miri dejó de considerar que llegar más lejos significa necesariamente hacerlo mejor.
Su etapa como gimnasta le enseñó hasta dónde puede llevarse un cuerpo cuando el objetivo siempre está un poco más adelante. El yoga terminó enseñándole otra cosa: reconocer también cuándo modificar, cuándo esperar y cuándo una postura simplemente no es la adecuada para ese cuerpo en ese momento.

Después de la clase
Cuando se le pregunta qué espera que alguien se lleve después de una práctica, Miri no habla de conseguir una postura difícil.
Habla de cómo quisiera que esa persona se fuera.
“Quiero que las personas salgan de mi clase mucho mejor de lo que entraron: tranquilas, relajadas, agradecidas por haberse dedicado ese tiempo.”
Le interesa que cada clase tenga sentido para quien está ahí. Que no sea solamente una secuencia de movimientos cumplida y olvidada.
Quizás por eso su trabajo fue extendiéndose también fuera del formato tradicional de una clase.
Yoga Miranda propone prácticas personalizadas y grupales, pero también experiencias que combinan movimiento, encuentro y otros pequeños rituales alrededor del bienestar.
Una de ellas es Breathe & Brunch, un evento que ya suma varias ediciones y vuelve con una nueva jornada al aire libre.

Breathe & Brunch, una nueva edición
La próxima edición de Breathe & Brunch será el sábado 22 de agosto, a las 10:00, en Distrito Perseverancia.
La propuesta reunirá yoga al aire libre, música de Nati Acuña, distintas experiencias, sorteos y un brunch saludable, en esta oportunidad de la mano de Nike. El valor de la entrada es de Gs. 120.000 y los cupos son limitados.
Conocé todos los detalles de Breathe & Brunch y cómo participar en Wellvi
También podés conocer el perfil de Yoga Miranda en Wellvi, donde encontrás información sobre sus propuestas y próximos eventos.
Durante años, Miri entrenó para que el cuerpo respondiera. El yoga apareció cuando ese cuerpo dejó de hacerlo de la manera que ella esperaba y, con el tiempo, terminó convirtiéndose en su profesión.
Ahora, cuando alguien llega a una de sus clases, la pregunta ya no es cuánto puede exigirle para alcanzar una postura.
Es otra:
¿Qué necesita este cuerpo hoy?
