
El mejor momento para empezar es hoy: Ignacio Canillas y el camino del Ashtanga Yoga
A veces, el bienestar no empieza con una gran decisión. Empieza con una incomodidad que se vuelve pregunta. Con una conversación casual. Con una frase dicha casi al pasar: “Siempre quise probar yoga”.
Para Ignacio Canillas, profesor de Samasthiti Ashtanga Yoga, ese fue el inicio de un camino que terminó transformando mucho más que su rutina de movimiento. Lo que comenzó como una búsqueda personal vinculada al cuerpo, la salud y los hábitos, se convirtió en una práctica sostenida, una forma de observarse y, con el tiempo, en un espacio para acompañar a otros.
Hoy, desde Samasthiti, Ignacio comparte una mirada profunda sobre el Ashtanga Yoga: no como una práctica para hacer posturas difíciles, sino como una herramienta para respirar mejor, habitar el cuerpo y volver al presente.
De las pesas, el boxeo y las corridas al mat
Antes de llegar al yoga, Ignacio venía de un mundo muy distinto: las pesas, el boxeo, las corridas, la gastronomía y una vida marcada por horarios intensos. En ese momento, buscaba una actividad física que realmente lo atrapara, pero también algo que tuviera una raíz más tradicional.
En Paraguay, el yoga todavía no estaba tan instalado como hoy. Entre las opciones que fue encontrando, el Ashtanga Yoga le llamó la atención por su intensidad física, su estructura y su profundidad.
Su primera clase fue de Ashtanga. Y algo hizo sentido de inmediato.
La práctica se adaptaba a su vida, a sus tiempos y a su necesidad de moverse sin quedar atrapado en un horario rígido. Esa fue una de las primeras claves que encontró en el Estilo Mysore, el método tradicional de enseñanza del Ashtanga Yoga: cada persona practica a su propio ritmo, dentro de una sala grupal, con la guía del profesor.
No se trata de seguir una clase igual para todos. Se trata de construir una práctica propia.
Qué hace diferente al Estilo Mysore
En una clase tradicional, muchas veces el profesor guía al grupo completo al mismo tiempo. En el Estilo Mysore, en cambio, cada practicante avanza según su proceso, su cuerpo, sus posibilidades y sus límites.
Para Ignacio, esa es una de las grandes virtudes del Ashtanga: reconoce que no todos llegan al mat desde el mismo lugar.
Cada persona tiene una historia física distinta, hábitos distintos, tensiones distintas, tiempos distintos. Por eso, la práctica no busca que todos hagan lo mismo ni que alguien copie la postura de quien está al lado. Busca que cada uno desarrolle una relación más consciente con su propio cuerpo.
En Samasthiti Ashtanga Yoga, esa mirada es central. El cuerpo no es algo que se fuerza: es una herramienta de escucha. Una forma de entender qué está pasando adentro.
A través de una práctica sostenida, el alumno empieza a reconocer qué le hace bien, qué le pesa, qué hábitos lo ordenan y cuáles lo alejan de su bienestar.
La práctica como laboratorio personal
Ignacio define la práctica como un laboratorio. El objeto de observación no es la postura perfecta, sino el cuerpo y la mente.
Cada día, la práctica recibe variables nuevas: cómo dormiste, qué comiste, cómo está tu estrés, cómo están tus vínculos, cómo llega tu cabeza al mat. Aunque la secuencia de Ashtanga sea la misma, la práctica nunca se siente igual.
Ese es uno de los aprendizajes más importantes del método: repetir no significa hacer siempre lo mismo. Repetir permite observar con más profundidad.
Cuando el cuerpo ya conoce la secuencia, la atención deja de estar afuera esperando la próxima indicación. Entonces puede ir hacia adentro: hacia la respiración, las sensaciones, el movimiento, el cansancio, la incomodidad, la calma.
Ahí aparece una de las ideas más potentes del Ashtanga Yoga: la práctica no es una demostración externa. Es una conversación interna.

Respirar para volver a la calma
Para Ignacio, el Ashtanga es, antes que nada, una práctica de respiración.
A través del Vinyasa —la coordinación entre movimiento y respiración— el cuerpo aprende a atravesar momentos de intensidad sin perder el centro. Una postura puede ser desafiante, incómoda o exigente, pero la respiración enseña a volver.
Ese aprendizaje no queda encerrado en el mat. Con el tiempo, la práctica empieza a aparecer en la vida diaria: en el tráfico, en el trabajo, en una conversación difícil, en un momento de ansiedad, en una situación de estrés.
La respiración se vuelve un recurso. Una forma de regresar al presente.
Por eso, en Samasthiti, el yoga no se presenta como una búsqueda de posturas lindas o complicadas. Se presenta como un entrenamiento de presencia, calma y autoconocimiento.
El cuerpo como maestro
Una de las ideas más fuertes de Ignacio es que el Ashtanga empodera al practicante sobre su propia práctica.
El profesor acompaña. La comunidad sostiene. El shala ofrece un espacio seguro. Pero el verdadero aprendizaje ocurre cuando la persona empieza a escucharse.
La práctica enseña a reconocer patrones: cómo reacciona el cuerpo ante el estrés, cómo se expresa el cansancio, qué genera miedo, qué despierta frustración, qué construye confianza, qué motiva a seguir.
Con el tiempo, el yoga deja de ser solamente una actividad física y se convierte en una forma de autoconocimiento.
En ese proceso, el cuerpo deja de ser una exigencia estética o funcional y empieza a ser un maestro. Algo que informa, guía y muestra.
Una comunidad donde cada uno llega desde un lugar distinto
La comunidad de Samasthiti Ashtanga Yoga refleja esa diversidad. En una misma sala pueden practicar personas de 20 y de 60 años, hombres y mujeres, personas con experiencia corporal y otras que están haciendo su primera actividad física.
Algunos llegan buscando moverse. Otros, respirar. Otros, pausar la cabeza. Otros, acompañar dolores físicos, reconectar con el cuerpo o encontrar un momento de silencio.
Pero hay algo que se repite: la sensación de salir mejor de lo que uno entró.
Ignacio recuerda especialmente el comentario de una alumna después de su primera clase. Le dijo que se sentía como cuando uno entra a una casa que estuvo cerrada mucho tiempo y abre puertas, ventanas y cortinas para que entren el aire fresco y el sol.
Esa imagen resume bien lo que una buena práctica puede provocar: espacio, aire, presencia.

No esperar las condiciones perfectas
Quizás el mensaje más importante de esta conversación con Ignacio es también el más simple: no hay que esperar a estar en condiciones ideales para empezar algo que nos hace bien.
Muchas veces postergamos el bienestar. Decimos “cuando tenga más tiempo”, “cuando baje de peso”, “cuando esté menos cansado”, “cuando ordene mi rutina”, “cuando me sienta listo”.
Pero el yoga propone otra cosa: empezar desde donde uno está.
Con el cuerpo de hoy. Con la energía de hoy. Con los horarios de hoy. Con las limitaciones de hoy. Con la vida real, no con una versión idealizada de la vida.
La práctica no exige perfección previa. La práctica construye camino.
Samasthiti y Wellvi: un puente hacia el bienestar
Para Ignacio, esta es más que una plataforma: es un puente. Una forma de acercar prácticas, espacios y herramientas de bienestar a más personas en Paraguay.
En un momento donde el cuidado personal ocupa un lugar cada vez más importante, también existe mucha información dispersa. Hay muchas opciones, muchos estilos, muchas propuestas. Y no siempre es fácil saber por dónde empezar.
Por eso, una plataforma que organiza, clasifica y visibiliza espacios de bienestar en Paraguay puede ayudar a que más personas encuentren esa práctica que realmente se ajusta a su cuerpo, a su momento y a sus necesidades.
Samasthiti Ashtanga Yoga, como local fundador de Wellvi, representa ese espíritu: una práctica tradicional, profunda y humana para quienes buscan bienestar desde el movimiento, la respiración y la presencia.
El momento para empezar es hoy
El Ashtanga Yoga no promete una transformación inmediata. Propone algo más real: una práctica.
Una práctica que se repite, se observa, se adapta y se sostiene. Una práctica que enseña a respirar en la incomodidad, a escuchar el cuerpo, a ordenar hábitos desde la motivación correcta y a volver al presente una y otra vez.
Para quienes buscan yoga en Asunción, una práctica física con profundidad o un espacio para reconectar con el cuerpo, Samasthiti Ashtanga Yoga puede ser una puerta de entrada.
Porque no hay que esperar a estar listo.
El mejor momento para empezar es hoy.
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Lugares mencionados en esta guía

Samasthiti Ashtanga Yoga
Yoga tradicional para el mundo moderno