
6,7 kilómetros cada hora, sin saber cuándo termina: Paraguay va al Mundial de Backyard Ultra
El 17 de octubre, 15 corredores paraguayos competirán desde el Parque Ñu Guasu en el Big’s Backyard Ultra World Team Championship 2026. La prueba no tiene una distancia final ni una hora prevista de llegada: cada atleta debe completar 6,706 kilómetros en menos de una hora y volver a largar cuando comienza la siguiente.
Cada hora ocurre lo mismo: 6,706 kilómetros y una nueva largada.
Quien termina antes utiliza los minutos restantes para comer, hidratarse, cambiarse, revisar los pies o sentarse. Cuando empieza la hora siguiente, todos los que continúan deben estar nuevamente en la línea de salida.
Así funciona una Backyard Ultra: no existe una distancia final predeterminada y la carrera continúa hasta que queda una sola persona capaz de completar una vuelta más que el resto. Las reglas oficiales establecen además que cada vuelta debe completarse dentro de los 60 minutos y que no se permiten largadas tardías.
“No gana quien corre más rápido, sino quien logra seguir cumpliendo, hora tras hora”. — Patricia Ascarza, organizadora de Backyard Ultra Paraguay
El 17 de octubre de 2026, 15 representantes paraguayos harán exactamente eso en el Parque Ñu Guasu, mientras otras selecciones comienzan sus propias vueltas en distintos puntos del mundo.

Paraguay, entre 74 selecciones
El Big’s Backyard Ultra World Team Championship 2026 reunirá 74 selecciones nacionales y 1.110 atletas. Cada país tendrá su propia sede, pero todos comenzarán exactamente al mismo tiempo.
Paraguay competirá con 15 titulares y tres reservas.
El sistema de puntuación es simple: todas las vueltas completas de los 15 integrantes del equipo suman para el país. Si cada corredor completa diez vueltas, Paraguay acumula 150. Cuando uno deja la competencia, todo lo que ya recorrió permanece en el resultado y sus compañeros continúan sumando.
La organización no descarta ningún resultado individual. El corredor número 15 pesa tanto en la suma como el primero.
En este Mundial no alcanza con tener a un atleta excepcional: la profundidad de todo el equipo también define el resultado.

De un patio en Tennessee a 82 países
La modalidad nació en Tennessee, Estados Unidos, de la mano de Gary Cantrell, conocido como Lazarus Lake.
La primera Big’s Backyard Ultra se disputó en 2011 en su propiedad y tomó el nombre de Big, su perro. Incluso la distancia responde a una lógica precisa: 24 vueltas de 6,706 kilómetros equivalen aproximadamente a 100 millas. La ficha oficial de ULALA Backyard Ultra Paraguay recoge esa misma estructura.
Lo que empezó como un formato singular terminó convirtiéndose en un fenómeno internacional. La organización oficial informa que, en el último año, unas 55.000 personas participaron en este tipo de pruebas, con Backyard Ultras realizadas en 82 países y 708 carreras afiliadas.
El crecimiento ayuda a entender por qué la modalidad encontró un lugar propio dentro del ultrarunning: la velocidad deja de ser el centro y la capacidad de repetir el esfuerzo pasa al primer plano.
De Piribebuy a Ñu Guasu
En Paraguay, ULALA Backyard Ultra comenzó a organizar la modalidad en 2024.
Su primera edición se realizó el 17 de agosto de ese año en Piribebuy, con participantes de Paraguay, Argentina y Uruguay.
“Había que explicar un formato que muchas personas todavía no conocían”, recuerda Ascarza.
Con las siguientes ediciones fueron apareciendo nuevos corredores, familiares, asistentes y voluntarios. La comunidad pasó por Piribebuy, El Cortijo Country Club, San Bernardino y Ñu Guasu.
La edición de 2026 en San Bernardino tuvo además un peso especial: fue fecha clasificatoria para conformar el Equipo Nacional de Backyard Ultra que representará a Paraguay en el Mundial por Equipos.
Ahora llega la instancia internacional.

Correr más rápido no siempre ayuda
La Backyard cambia una de las reglas intuitivas de cualquier carrera: llegar antes no otorga una ventaja competitiva directa.
Mientras la vuelta se complete dentro de los 60 minutos, su tiempo no determina la clasificación.
La estrategia está en encontrar un ritmo que pueda repetirse.
Correr demasiado rápido puede regalar más minutos de descanso, pero también gastar energía que hará falta muchas horas después. Ir demasiado lento conserva fuerzas, aunque reduce el margen para comer, cambiarse o sentarse antes de volver a salir.
En una Backyard, los minutos en los que no se corre también forman parte de la carrera.
La preparación incluye resistencia, fuerza y ritmo, pero también algo menos visible: practicar qué comer, cuánto beber, cómo organizar el box, qué ropa cambiar y cuánto tiempo reservar para descansar.
No se trata de reproducir una competencia interminable durante los entrenamientos. La preparación debe ser progresiva y adecuada a la experiencia de cada atleta.
Comer, dormir y volver a salir
A medida que pasan las horas, lo que ocurre fuera del circuito cobra cada vez más importancia.
Cada corredor necesita una estrategia de alimentación e hidratación que haya probado previamente. Las pausas se aprovechan para comer pequeñas porciones, beber líquidos y observar cómo responde el cuerpo.
Cuando la prueba atraviesa la noche, algunos atletas incluso utilizan parte de esos minutos para dormir.
Ahí entra en escena el equipo de asistencia: tener comida, ropa y equipamiento preparados permite reducir decisiones y aprovechar mejor el breve intervalo disponible antes de la siguiente salida.
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La cabeza también sabe cuándo parar
En una prueba de ultradistancia es fácil convertir la resistencia mental en una historia de “aguantar a cualquier precio”. Ascarza propone una lectura distinta.
“El físico permite sostener el esfuerzo; la estrategia ayuda a administrar el ritmo y los descansos; y la cabeza influye mucho cuando aparecen el cansancio y las ganas de parar”.
Pero agrega un límite importante:
“Tener fortaleza mental también incluye saber cuándo continuar y cuándo detenerse para cuidar la salud”.
Con el paso de las horas cambian el sueño, la tolerancia a los alimentos, la temperatura y la capacidad de mantenerse alerta. Una estrategia que funcionaba al comienzo puede necesitar ajustes después.
La recuperación posterior tampoco tiene un plazo universal: depende de cuánto duró el esfuerzo, de la preparación previa y de cómo terminó cada corredor.
Una carrera individual que necesita de otros
La Backyard tiene una paradoja particular: el resultado individual importa, pero todos vuelven a encontrarse cada hora.
Comparten el circuito, las pausas, la noche y las sucesivas largadas. A su alrededor están las familias, los asistentes y los voluntarios.
“Para que alguien pueda seguir, necesita que otra persona también salga”, explica Ascarza.
El esfuerzo pertenece a cada corredor, pero buena parte de la experiencia se construye entre una vuelta y la siguiente.
Del Mundial por Equipos al desafío individual
El 17 de octubre habrá además dos objetivos conviviendo en la misma carrera.
Cada vuelta suma para Paraguay, pero los atletas también disputan su propio lugar dentro del sistema internacional de Backyard Ultra.
El último corredor en pie de cada país puede avanzar hacia el Mundial Individual de 2027, que volverá a Tennessee, donde nació la modalidad, siempre que cumpla los requisitos establecidos por la organización.
Así, una misma vuelta puede tener dos sentidos: seguir sumando para el equipo y mantenerse en carrera por una oportunidad individual.

No hace falta empezar por el formato infinito
Ver un Mundial puede hacer pensar que la Backyard está reservada exclusivamente para ultracorredores experimentados.
ULALA propone también formatos de entrada.
En sus eventos existen modalidades con una cantidad definida de vueltas para quienes quieren conocer la dinámica antes de intentar una competencia abierta. La próxima Copa Backyard 2027, prevista en San Bernardino, contempla alternativas de dos, cuatro y ocho vueltas, además del formato sin límite predeterminado.
Incluso participar como espectador o voluntario, explica Ascarza, permite entender una disciplina cuya lógica se aprecia especialmente cuando se vive desde adentro.
También buscan voluntarios para el Mundial
Para la competencia de octubre, ULALA está convocando a personas con manejo de inglés que puedan colaborar con la comunicación con la organización y los canales internacionales.
No hace falta ser corredor. Pueden sumarse estudiantes, docentes, comunicadores o personas que manejen el idioma y tengan disponibilidad durante una o varias horas.
El 17 de octubre, la escena se repetirá una y otra vez en Ñu Guasu: señal de largada, corredores nuevamente de pie y otros 6,706 kilómetros por delante.
Esta vez habrá además una cuenta que los une:
Cada vuelta que complete uno de los 15 representantes sumará para Paraguay.
Backyard Ultra en 20 segundos
- 6,706 km por vuelta.
- 60 minutos como máximo para completarla.
- una nueva largada cada hora.
- sin distancia final predeterminada.
- si no terminás o no largás a tiempo, quedás fuera.
- la carrera continúa hasta que queda una persona capaz de completar una vuelta adicional.

Viví de cerca el Backyard Ultra World Team Championship 2026
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